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Una carilla es una restauración fina que cubre principalmente la cara anterior de un diente. Puede modificar su forma, color o pequeñas irregularidades. Se fabrica en cerámica o composite, materiales que difieren en preparación, mantenimiento y posibilidades de reparación.

Primero, dientes y encías sanos

Antes de planificar la estética se revisan la caries, las encías y la forma de contactar los dientes. Una carilla no trata la inflamación gingival ni corrige cualquier problema de alineación. Según el caso, las alternativas pueden ser blanqueamiento, reconstrucción con composite, ortodoncia o mantener el diente sano sin intervenir.

¿Hay que tallar el diente?

Depende de su forma inicial y del cambio deseado. No todos los casos permiten una carilla sin preparación. La eliminación de esmalte es irreversible, por lo que conviene entender esa decisión antes de empezar.

Cómo hablar del resultado

Explica qué te gustaría cambiar y pregunta por los límites y las proporciones de la sonrisa. Un tono muy blanco o una modificación importante de la forma pueden no encajar con los demás dientes. El plan también debe considerar la mordida y posibles sobrecargas.

Las carillas requieren limpieza y revisiones. Pueden dañarse y el margen de la restauración sigue necesitando protección frente a la caries. Antes de elegir el material, pregunta qué opciones habrá si se astilla, cambia de aspecto o necesita sustituirse.