Volver al glosario

Un implante dental es un componente que se coloca en el hueso para sostener una corona, un puente o una prótesis. Habitualmente se fabrica en titanio. Sustituye la función de soporte de una raíz, no todo el diente visible. Su posición debe planificarse junto con la restauración que llevará encima.

Por qué primero hay que explorar

Se valoran el hueso, las encías, los dientes vecinos, la mordida y la salud general. También importan la higiene, el tabaco y los antecedentes de enfermedad periodontal. La ausencia de un diente no significa automáticamente que el implante sea la mejor opción. Conviene hablar de las alternativas.

La colocación y la restauración son fases distintas

Tras colocar el implante, la cicatrización permite que se forme una unión estable con el hueso. El momento de colocar la corona depende de las condiciones clínicas. Prometer el mismo calendario a todos los pacientes ignora esas diferencias. Si hace falta reconstruir hueso, puede añadirse otra fase.

También necesita mantenimiento

El implante no tiene caries, pero los tejidos que lo rodean pueden enfermar. La limpieza debe adaptarse a la forma de la corona, el puente o la prótesis. El sangrado, la hinchazón o la movilidad requieren valoración.

Pregunta por el plan completo, incluidas cirugía, restauración, revisiones y posibles complicaciones. Conserva la documentación del sistema utilizado: puede facilitar el mantenimiento posterior, incluso en otra clínica.